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La mirada, popular hechizo mexicano

 Por Miranda Guerrero

¿Cuántas veces no hemos escuchado el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”? Una expresión, que como toda frase popular, tiene su sabiduría. De lo contrario, ¿por qué cuando estamos a punto de ver algo desagradable, nos tapamos los ojos? Algunos dirían que tal vez es una reacción en automático, pero la realidad es otra. Y es que el mexicano conoce el alma a través de la mirada. Esta idea proviene desde tiempos muy antiguos.

Un caso puede verse en los textos de Bernardo de Sahagún, cuando vino a la antigua Tenochtitlán. Entre espanto y asombro, el clérigo describió los usos y costumbres de los nahuas y, entre uno de estos, hubo uno que le llamó especialmente la atención: la manera en la que seducían las ahuianime, mujeres que se dedicaban a dar placer sexual de una manera ritual y mística.

Pero, poco sabía Sahagún sobre el valor que le daban al sexo estas mujeres, aunque sí percibió algo en ellas: el poder de sus pupilas. Y es que, de acuerdo a Sahagún,  las ahuianime se diferenciaban de otras mujeres, porque tenía la frente en alto cuando caminaban en lugares públicos y, sobre todo, se atrevían a ver a los ojos de los hombres para atraerlos. Algo, que sin duda alguna fue el afrodisíaco más efectivo de estas féminas, pues es en las pupilas uno de los primeros lugares en los que se sabe la excitación del otro.

Pero el placer de la mirada no se terminó allí, continuó años posteriores, cuando Sor Juana escribía ‘Óyeme con los ojos, / Ya que están tan distantes los oídos”, versos que tal vez hubiesen sido considerados profanos, sino fuera porque la maestría de la beata los llenaba de un contenido místico.

Hoy en día, tal vez muchos crean que el poder de la mirada se ha extinguido. Entre constantes miradas al móvil del teléfono o al ordenador, esto podría ser correcto, pero el realismo mexicano siempre perdurara. Especialmente porque la mirada continúa siendo un viaje hacia el otro, un hechizo mexicano que se utiliza con maestría. Por lo que no temas si alguna vez tus pupilas se encuentren con las de otro, tal vez en ellos encuentres el alma o un hechizo que te hará sentir por primera vez visto.