Las maneras muy mexicanas (y efectivas) de curar un corazón roto

 Por Miranda Guerrero

Casi nunca existe un mal tan terrible como un corazón roto. Sobre todo porque parece no tener cura. Pero, ¿acaso estamos condenados a sufrir el mal de amores por siempre? Si bien nada nos protege de concebir este padecimiento, hay muchas maneras de curarlo. Un ejemplo puede verse en la antigüedad, cuando los nahuas inventaron un singular remedio para esta tristeza: la combinación de plantas como la cacahuaxochitl, la neyoltzayanalizpatli y la yolloxochitl. De acuerdo a los antiguos textos de Fray Bernardo de Sahagún, los nahuas mezclaban estas hierbas para volverlas un ungüento y colocarlo en el pecho, pues se creía que el pegajoso látex que creaban, tenía la propiedad curativa de volver a pegar el corazón.

Y si bien hoy en día ya no se cree mucho en la herbolaria antigua —un fenómeno lamentable—, los mexicanos continúan ideando nuevas maneras de curar las decepciones amorosas. La más famosa, aunque no se sabe si la más efectiva, es sumergir las penas en el alcohol. Desde cantantes como Jorge Negrete o José José, este recurso se ha citado en sus canciones para inspirar el olvido y ahuyentar los fantasmas amorosos. Sin embargo, al tomar dicho “antídoto”, se corre el riesgo de fortalecer las tristezas del amante. Esto puede corroborarse en una de las tantas dolorosas frases de Frida Kahlo: “Quise ahogar mis penas en el licor, pero las condenadas aprendieron a nadar”.

Entonces, ¿qué remedio queda cuando las heridas comienzas a respirar bajo el agua? Hay quienes acuden al misticismo que aún sobrevive entre nosotros y ven en los “amarres” —aquellos conjuros que combinan elementos budú con magia local— la esperanza de volver a unir lo destruido, aunque casi siempre es imposible. Sólo es en esos momentos, cuando el mexicano más sagaz saca su última arma contra la decepción amorosa: el sarcasmo y el cinismo. Ya sea con un comportamiento distante o una frialdad casi autómata, cuando el mexa empieza a usar este modo de ser, es porque cree que todo esta perdido y aún así se equivoca. Pues, es en los momentos más desolados, que casi cualquier comienzo se vuelve magnífico y un acto de amor con uno mismo.

Deja un comentario